
Hoy te escribo esas cosas que no digo, no hay motivos, no hay razones, simplemente es...porque quiero.
Ha pasado mucho tiempo ya desde la primera vez que te vi, que tu camino y el mío se encontraron.
Recuerdo ese pelo rizado (que me encanta), esos enormes y oscuros ojos que alumbran tu cara, y esa risa tan sonora que contagia. Me impresionaste y al principio, durante un segundo, me caíste mal. Algo en mi dijo..., no veas lo que muestra, ve lo que oculta...no me equivoqué, y ahí estabas tu, escondida tras tu mascara.
Hemos compartido sueños, riñas, abrazos, secretos, lágrimas, risas...historias de vida...
Y las que nos quedan.
Cuando perdí a mi hermano, (lo mas duro que hasta ahora me ha pasado), ahí estabas tu, enfadada con el mundo porque no podías aliviarme.
Cuando estuviste malita ahí estaba yo, para lo que fuera sin necesidad de preguntas.
Las dos tenemos la seguridad, la certeza de saber que ahí estamos, para lo que haga falta sin necesidad de pedirnos permiso, de pedirnos favor.
He aprendido de ti..., contigo.
A tu lado he crecido, he superado miedos.
Me has ayudado a ser libre..., a entender la libertad.
Eres, a veces mi maestra, otras mi alumna,
Mi confidente...mi confesora.
Me incluiste en tu familia, a la que siento mía.
Somos como Don Quijote y Sancho Panza, compañeras de viaje, camaradas, colegas.
Lo que siento por ti es tan grande que no puedo ponerle nombre.
Te quiero Amiga, te respeto, te admiro, te siento, te llevo en mí.
Hay pocas cosas de las que estoy segura:
Del amor de mi familia,
De que cada día amanece,
Y de ti...unas veces mi Quijote y otras mi Sancho.
Un abrazo
María Baños